Han sido 8 días de “vacaciones” en los que he tardado 3 en conseguir rebajar el ritmo frenético que mantengo normalmente. Durante el 4º y el 5º tenía sensación de estar en un mundo idílico del que no iba a volver y los dos siguientes los dediqué a preparar maletas, viajar y deshacer maletas. El octavo lo invertí única y exclusivamente en deprimirme.
Tal vez no sea para tanto pero sí que estoy en ese período de la vida en que las prioridades cambian pero no tu posibilidad de adaptarlas a las circunstancias. Haces balance de muchas cosas: tus logros profesionales, el resultado de la educación de tus hijos (aunque sean todavía pequeños), la casa en la que vives y en qué inviertes el escaso tiempo que tienes para ti.
Las conclusiones no es que sean negativas pero sí dejan un regusto de ¿era esto lo que quería conseguir? Normalmente, la respuesta no es rotunda y siempre hay un “no, pero” o un “sí, pero”. Ante este resultado, suelo pasar un ratillo malo, incluso con malestar físico (no grave, claro) y, a continuación, recurro a lo que siempre me ha dado buen resultado: miro alrededor. El cambio de humor es rápido: hay quien no tiene trabajo por lo que sus logros profesionales ni existen, padres que han perdido por completo el control de sus hijos y un abismo se abre entre ellos, personas que pierden su casa por no poder pagar la hipoteca, gente que tiene tanto tiempo libre que se preguntan para qué están en este mundo. Por el otro lado, me cuesta encontrar quien pueda decir que es más feliz que yo. Varias horas antes tal vez me cuestionara muchas cosas pero, una vez analizado mi entorno, comprendo que nadie tiene todo aquello que desea pues esos deseos son, por definición de la vida, cambiantes y, muchas veces, contradictorios. Si consigo arreglar el salón de casa a mi gusto, empiezo a pensar si no debería darle una vuelta a los baños. Si el trabajo que realizo se me hace monótono, me pregunto si no sería interesante probar una nueva forma de hacer las cosas. Si mi hijo ha cateado en lengua…¿no es verdad que juega al tenis de maravilla?
Esta es la vida: inconformismo constante compensado con relativizar tu situación. Funciona y te ayuda a disfrutar de lo que tienes. Al menos, durante unas horas.
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